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Qué es el Trastorno Límite de la Personalidad o Desorden de la Regulación Emocional

El Desorden Límite de la Personalidad afecta a millones de personas en el mundo. El objetivo de esta guía es brindar información válida científicamente, de una forma clara y sencilla.  La información que se ofrece a lo largo de este material bajo ningún punto de vista este manual sustituye el consejo de su psiquiatra, psicólogo o psicóloga.

¿Qué es un Desorden de la Personalidad?

Nos referimos en general a un Desorden de la Personalidad, cuando la forma de ser o el estilo de la persona le generan problemas en ciertas áreas:

  • su experiencia interna (se siente mal consigo mismo, con angustia o insatisfacción persistente y casi constante),
  • en la afectividad (cuando la emoción y los sentimientos se ven perturbados por su intensidad, inestabilidad o cuando la respuesta afectiva es inadecuada),
  • en las relaciones con otras personas,
  • en las conductas,

Por otro lado, esta perturbación:

  • es persistente a lo largo del tiempo (pudiendo haberse iniciado en la adolescencia),
  • suele ser inflexible,
  • genera malestar en la persona y/o en quienes la rodean.

¿Qué significa Desorden Límite de la Personalidad?

El Desorden Límite de la Personalidad es uno de los once trastornos de personalidad descriptos en los manuales diagnósticos, y está entre los mejores estudiados en la literatura científica psicológica y médico-psiquiátrica, en la actualidad. La palabra límite, limítrofe o borderline es una vieja denominación que actualmente se continúa usando. Dicha denominación ha generado mucha confusión en la comunidad y entre los profesionales, por eso se encuentra en revisión a favor de términos como, por ejemplo, Trastorno o Desorden de Inestabilidad o de la Regulación Emocional.  Debido a su uso tan extendido se optó por utilizar esta designación en este texto.

El Desorden Límite de la Personalidad, está caracterizado como un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad, y una notable impulsividad, que comienzan al principio de  la edad  adulta  y se dan en  diversos contextos. La característica principal del Desorden Límite de Personalidad es que existe una marcada predisposición  a actuar de un  modo impulsivo  sin tener en cuenta las consecuencias, junto a un ánimo inestable. La capacidad de planificación es mínima y es frecuente que intensos arrebatos de ira conduzcan a actitudes violentas o a manifestaciones explosivas; éstas son fácilmente provocadas  al recibir críticas o verse frustrados  sus actos  impulsivos.

Entre las cosas más importantes de la afección que nos interesa entender es que tanto:

  • la imagen de sí mismo,
  • los objetivos personales y
  • las preferencias internas (incluyendo las sexuales) son a menudo confusas o se encuentran alteradas.

La facilidad para verse implicado en relaciones intensas e inestables puede causar crisis emocionales repetidas y acompañarse de una sucesión de amenazas suicidas o de actos auto-agresivos.

Características generales de las personas con Desorden Límite de la Personalidad:

Esfuerzos desesperados para evitar un abandono real o imaginado: Cuando una persona con este desorden percibe la posibilidad de una separación, aunque sea por poco tiempo, de una persona querida, suele experimentar un temor muy intenso a ser abandonada. Ante esto, se siente desesperada y es en estas ocasiones que aparecen también actos impulsivos. En una tentativa de evitar el abandono, estas personas pueden realizar amenazas o reaccionar con mucha ira. A veces en este esfuerzo involucran conductas que podrían ser interpretadas por otros como excesivamente demandantes, impositivas o con intenciones de manipulación.

Ejemplos: “…Mi pareja no había regresado del trabajo aún, habían pasado como 15 minutos.  Yo ya  estaba   en  casa,  pero  en  lugar  de  ponerme  a preparar la  cena, o escuchar  música sólo sentía un enorme hueco. Pensé  que  me  había dejado  de  querer,  que  podría  estar  con  otra, qué se  yo…  Llamé  a su  celular  como veinte veces  y al encontrarlo desconectado  mi angustia aumentó. Llamé a su  madre para saber si tenía  idea  si  su  hijo  estaba  saliendo  con  otra  mujer.  Él  llegó  y  me encontró llorando  desesperada,  medio  borracha. Había roto todos los platos de la alacena.” Betiana, 32  años.

“No puedo soportar que me abandonen, tengo miedo todo el tiempo que me dejen. Me pone tan mal que termino haciendo cosas para confirmar que dejarme es mejor que quedarse: es el momento que tengo una crisis.” Susy, 24 años

Inestabilidad y excesiva intensidad en las relaciones interpersonales: quienes padecen el Desorden Límite de la Personalidad, son propensos a los cambios drásticos en  su opinión  sobre los demás. Pueden ser vistos  como personas  que brindan  incondicionalmente apoyo  y contención o,  por  el contrario y en  el  otro extremo, como individuos crueles  y  tiranos.  Cuando ven  a los demás como cuidadores fieles  y leales  los idealizan,  los consideran perfectos. En cambio,  cuando perciben rechazo o abandono por los otros, o cuando éstos hacen  algo que  no  concuerda con las propias expectativas, estas  mismas  personas pasan a  ser  vistas  como terribles, autoritarias  o crueles. Degradan o ensalzan  a las personas,  cambiando  muy rápidamente de un polo al otro. A esto se lo suele denominar Pensamiento Dicotómico: la  alternancia entre los extremos de idealización y devaluación. Estas personas tienden a pensar en  términos  de todo / nada,  siempre / nunca,  o lo que llamaríamos coloquialmente «blanco  o negro».

Ejemplos: “Siempre  siento  como un  hambre  insaciable  de algo  que es difícil de definir,  algo que me  hace sentir  culpable todo el  tiempo o  con vergüenza de  no sé qué. Me hace  mantener  distancia de  la gente, a ver si descubren que soy rara o  caprichosa,  o  loca. Entonces nada mejor que diversificar. Tengo muchísimos conocidos que me aseguran estar rodeada de gente pero no  demasiado  cerca de ninguno.  Pero ahora conocí a un chico, que parece  copado. Estoy que me arrojo a sus brazos para  que me cuide. Él es perfecto  para mí. En las dos o tres veces que nos  vimos estaba claro que éste  era él. Es todo  lo que he soñado. ¿Qué  pasará  cuando se dé cuenta  de con quién  está?  Mejor no  lo veo más. Me asusta”. “Antes me  acercaba  a cualquier  persona que  me parecía  amigable, con la esperanza de que se iba a  ocupar de mí. Y cada vez me daba cuenta (con  mucho dolor) de que ninguna de esas personas era capaz de cuidarme  en la forma en que  yo lo necesito. Siempre  terminaba peleándome, me  parecía que  me traicionaban.» Vero, 25  años.

“Mi mamá dice que no  puede  entender que un  día la  odie,  y al otro la adore…  pero  es  así” Rafa, 29 años

Inestabilidad en la imagen que tienen de sí mismos: de manera homóloga  a la vivencia que tienen  con otras  personas, quienes sufren  de este desorden son extremadamente  duros consigo mismos. La imagen  que tienen de sí  es muy variable lo  que provoca inseguridad en ellos mismos.  Por lo general su autoimagen está basada en ser desgraciados o incompletos y a veces  experimentan la  sensación  de  «no existir». Esto  ocurre especialmente frente a la percepción  de falta de  relaciones significativas.

Ejemplo: “Tengo  una habilidad  camaleónica para parecerme a las personas con  las  que estoy.  Pero lo  hago  más para engañarme a mí  que  para engañarlos  a ellos.  Cuando me  transformo en  otra  persona,  no  es como si me  disfrazara;  realmente  paso  a  ser  otra,  la  que me gustaría  ser.  El  proceso  no  es  realmente consciente. He pasado tanto tiempo  haciendo  esto que no  sé quién soy.  Me  siento irreal, falsa.» Feli, 35 años.

Como  consecuencia de la inestabilidad de la auto imagen, muchas veces muestran cambios  bruscos en  distintos  aspectos, como por ejemplo en aspiraciones profesionales, objetivos, valores, planes a futuro, tipo de amistades, entre otras cosas. Son frecuentes las pérdidas repetidas de trabajo, las interrupciones de estudios o de tratamientos y las rupturas de relaciones.

“Es bastante desesperanzador…  He tenido  como una  docena  de terapeutas  en distintos momentos. El primero  es al  que me mandaron a  los 16 porque era  un desastre. Después he  ido por motus propio. Posteriormente a  esos  tratamientos, no siento que yo haya dejado  de ser un  desastre.  A veces me han dicho  que tengo problemas  para  sostenerlos, puede que sea  cierto,  o bien porque demasiada proximidad me asusta, o porque me  hace  falta demasiada  proximidad.» María,  39  años.

Impulsividad: que puede convertirse en peligrosa para sí mismos (por ejemplo: abuso de sustancias e ingesta de fármacos, atracones de comidas,  manejar temerariamente, gastos excesivos) y otras conductas como la auto agresión (por ejemplo: lastimarse la piel, realizarse cortes). Cuando la ansiedad es intolerable, pueden poner en práctica alguna de estas conductas, que momentáneamente sienten como «calmantes».

Suelen aparecer intentos de suicidio o amenazas suicidas recurrentes, o deseos persistentes de desaparecer o no despertarse por las mañanas: este  es quizás uno de los puntos  más preocupantes de este desorden  y muchas  veces el motivo por el  cual se recurre a  la  ayuda  profesional.  Estas conductas pueden ocurrir durante experiencias disociativas (se explica más adelante), y tienen por lo general la función de aliviar un malestar.  A veces se  utilizan  para  calmar  el  intenso  sufrimiento,  y otras para reafirmar la  capacidad de  sentir, que en esos momentos la  persona cree  que ha perdido. También suelen precipitarse como  respuesta  frente al temor al abandono,  a la percepción  de rechazo  o a experiencias muy dolorosas o  frustrantes.

Ejemplos: “Ayer en el  trabajo me dijeron que durante un  tiempo no  tenía que ir, porque  no había  mucho para  hacer.  Pensé que otra vez me quedaba sin  trabajo,  que iba  a  estar todo  el  tiempo  en  mi casa. Cuando  volví sentía  mucha angustia,  fui  a la  heladera  y no paré hasta que  comí todo  lo que había. Hasta  me comí las verduras congeladas  del freezer,  así  como  estaban.» Yani, 38  años

“Habíamos  terminado de  cenar  con  la familia…  Había sido  una cena de Navidad  muy angustiante y tensa.  Mi padre  es maltratador  y medio milico, menos  con mi hermana  J.   Sólo  tiene  ojos  para  ella. La vida,  a ella, le sonríe.  Mi madre nos  hacía  callar  todo  el tiempo. Mi padre   había tomado un poco demás,  y mi hermano mayor comenzó a  enfrentarlo.  No llegamos a abrir los  regalos.  Yo  subí a mi habitación  y casi  sin  darme  cuenta  me vi usando  el cutter de  la facultad, cortándome  la piel de  las piernas poco, no  profundo, dibujando  un  sol.  No  sé  cómo,  pero  otra  vez  me  tranquilicé.  Dolía. Yo a veces pienso  que son agujeritos para que se escurra el otro dolor”. Sonia,  19  años.

Sentimiento crónico de vacío: las personas con Desorden Límite de la Personalidad suelen experimentar esta sensación  casi constantemente.  La experiencia es vivida de manera extremadamente dolorosa y expresada como desesperanza y una profunda sensación de ausencia de sentido a la vida.  Suelen referirse  a esta vivencia  como si  se  tratara de  «oscuridad»  o  «agujeros  negros internos».  Además, nada parece compensar la sensación de gran vacío interior, por lo que buscan siempre algo diferente para hacer. En este sentido, pueden manifestar intensos deseos por una gran variedad de objetos o personas, con los  que muchas veces se observa después un  alto nivel de  insatisfacción.

Ejemplo: “Tengo  que estar con alguien  porque  si no  pierdo el contacto con la realidad. No  existo,  siento un  vacío constante que me ahoga.  Todo el tiempo busco cosas  nuevas para hacer, pero las abandono rápido porque  siento que tampoco me  sirven.» Esteban, 32  años.

“Paso mucho tiempo deprimida.  Hice varios tratamientos para la depresión que no resultaron demasiado.  Cuando  estoy en  esas  fases todos me  instan a hacer cosas,  finalmente  dejo de  hablar con la gente porque  me presionan. Nada  me  va hacer mejorar,  no vale la pena vivir así. Ayer, a  pesar de lo  mal que me  sentía  creí que  una nueva computadora era  indispensable, compré, traje la  máquina. Hoy me  doy  cuenta  de  que con la  vieja  máquina estaba  todo bien. Pero ambas están apagadas, en sus cajas  de cartón”.  Marce, 41 años

Inestabilidad afectiva debida a una intensa reactividad del ánimo: esto refiere a que el humor cambia bruscamente y con gran amplitud en la intensidad. Puede observarse durante, por ejemplo, los episodios de malestar, desesperación, irritabilidad,  ansiedad,  dificultad en  el control  de la  ira,  el enojo, peleas verbales  y físicas.  A veces las  personas que los rodean creen que  la manifestación emocional es excesiva o inadecuada  con relación a los eventos o  a la  situación que  los desencadenan.  Los episodios de ira intensa son muy frecuentes. Por lo general se desencadenan cuando consideran que las personas significativas las rechazan, no  les prestan la suficiente atención, tienen una actitud injusta  o las  abandonan.  Las expresiones  de ira por lo  general van  seguidas de mucha culpa, y contribuyen a su  sentimiento de  ser inadecuados o de estar «fallados.»

Ejemplo: “Cuando  siento que no  puedo controlar todo,  me pongo nervioso  y me enojo.  Obviamente  es peor  cuando el estrés es  mayor.  Puedo sentir  como  un  calor  que  me  sube  y  tengo  un  ataque.  Puedo romperle un  hueso a alguien. Generalmente se  lo merecen. Siento que me lastimaron y quiero producir el mismo daño. Es  cierto  que he tenido  algunas peleas  en la  calle. Quedo agitado.  Cansado. Vuelvo  a casa sintiendo una  culpa infinita. A  veces tengo  que tomar alcohol para bajar.  Después no  puedo levantarme de la cama por días”. Nico, 32  años.

«A  veces  siento  como  si  hubiese  varias  Verónicas.  Está  la  Wonder Woman,  que parece  que se va a  llevar el  mundo por delante, y a veces  aparece el Guasón, que es  capaz de  hacer cualquier cosa, cualquier maldad, actuando  como  una loca, roja de  ira.  En otros momentos soy como  una babosa,  que apenas  puede  moverse. Si  bien casi siempre me siento mal, mis  estados suelen ser muy cambiantes ante cada  nueva situación que se me  presenta.» Verónica, 28  años.

Percepción  de que alguien quiere o  podría llegar a dañarlos: En períodos de mucho estrés puede haber ideas o una percepción de que alguien quiere hacerles daño, que por lo general se relaciona con una sensación de extrema fragilidad.

 Síntomas de disociación: La  disociación, es una vivencia que todos podemos experimentar.  Esto ocurre  con acciones que realizamos  cotidianamente y de  manera casi automática. Una persona que realiza un viaje,  al llegar puede haber  olvidado  todo lo  que  hizo  durante el trayecto,  aunque estuvo despierta, caminó  desde su  casa, subió  a un  medio de transporte e incluso pudo haber realizado otras acciones, como comprar  el diario. Esta sensación de estar “fuera” es lo que se denomina  disociación.  A veces este mecanismo se convierte en una forma de protección frente a recuerdos, eventos o  sentimientos dolorosos.  Las personas  con este desorden suelen referir estas sensaciones con mucha frecuencia como momentos en  que  están  ausentes. Pueden  no recordar cosas que  hicieron  o tener la sensación  de que otro  realizó tareas que  ellos en realidad hicieron  o una  sensación de que esos  momentos  son irreales,  como si lo hubieran  visto en una película. Igual que  muchos de los criterios nombrados en  la presente lista, lo  más habitual es que estos episodios ocurran como  respuesta a  situaciones  estresantes; por lo general son pasajeros y  pueden  durar  entre  minutos  y horas.

Ejemplo:  «A  veces  me  siento  como  un  robot.  Nada  parece  real.  Mis  ojos  se nublan y  es  como  si lo  que está  a  mí alrededor fuese una  película. Cuando  vuelvo, la gente me dice que hice o dije cosas que no puedo recordar.» Jasmín, 23  años.

Causas del Desorden Límite de la Personalidad

Las últimas investigaciones indican que la  desregulación emocional  juega un  papel central en  el Desorden Límite de  la Personalidad. Se entiende por  desregulación emocional  a  la alta vulnerabilidad  emocional  y las dificultades para regular las emociones en  general.

Esta desregulación sería producto de la interacción entre una vulnerabilidad emocional determinada biológicamente y  un  ambiente invalidante,  en particular en  la manera en que esta «vulnerabilidad»  y este  «ambiente»  interactúan a través del tiempo en la  vida de las  personas.

Vulnerabilidad emocional:

Se refiere a:

  • una alta sensibilidad a  estímulos emocionales negativos,
  • una respuesta emocional de gran intensidad,
  • retorno lento a la calma

Resumiendo, en las personas con  esta vulnerabilidad emocional determinada por la biología, se  activan fácilmente emociones en  situaciones en  las cuales  no es de esperar que aparezcan. A esto nos  referimos con  la  alta sensibilidad del  primer punto. A su vez, dichas emociones producen una respuesta más intensa de lo predecible y el retorno a la calma toma más tiempo que en el general de las personas. Durante este tiempo el dolor suele  ser vivido como insoportable apareciendo la  necesidad de serenarse  en  forma urgente; esto explica las  llamadas “conductas impulsivas”.

Ambiente invalidante: se refiere a un contexto en el que recurrentemente se responde, a la persona que luego desarrolla el Desorden Límite de Personalidad, en forma inapropiada a las experiencias privadas (emociones, pensamientos), especialmente durante la infancia. Los ejemplos típicos de lo que ocurre en un ambiente invalidante son restar importancia, trivializar las preferencias, pensamientos y emociones  de una  persona.  Ocurre  igual si en el contexto se responde  de manera extrema o  exagerada  a la comunicación de  un  pensamiento o emoción. En la génesis del Desorden,  el ambiente invalidante  puede  dar lugar a  un problema, o no, dependiendo de la  vulnerabilidad emocional de la  persona. Las niñas y  los niños que tienen  una predisposición  biológica a la  desregulación emocional  no estarían  en las mismas condiciones de  aprender,  a través  de  su  ambiente, habilidades para modular sus emociones: nombrarlas, calmarse, tolerar el malestar, confiar en sus respuestas emocionales. Esta interacción produciría un déficit en las habilidades para modular las emociones caracterizado por:

  • dificultades para inhibir conductas poco eficaces que aparecen en respuesta a emociones negativas,
  • dificultades para aquietar la activación fisiológica resultante de una fuerte emoción,
  • dificultades para concentrarse en presencia de  una fuerte emoción.

El Desorden  Límite de la  Personalidad sería primariamente una  alteración del  sistema de regulación emocional  resultado de la interacción entre la vulnerabilidad emocional, predispuesta  biológicamente y el  ambiente disfuncional  familiar: básicamente de  cómo ambos  interactúan a través del tiempo en la  vida  de las personas. Las características del  desorden,  entonces, serían secundarias a esta desregulación emocional.  Imaginemos un niño o niña con este problema  que, en ciertos ambientes invalidantes, no aprende  a reconocer, distinguir y nombrar las emociones. No puede aprender la regulación  de la intensidad de las mismas,  no logra tolerarlas  – especialmente las emociones  negativas-  y no confían  en ellas  como respuestas válidas  a determinados sucesos. Ya adultos,  estas personas no logran  resolver los problemas  de sus vidas, adoptando las mismas características invalidantes del ambiente en que fueron criadas e invalidando sus propias  experiencias. Así  observan e  imitan a  otros  para  tener  respuestas  más adaptadas a  la realidad Generalmente se proponen metas poco realistas, carecen  de habilidad para usar el gratificarse  por sus logros en lugar de auto castigarse  por sus fracasos, sufren sentimientos  de odio  a sí  mismos por no lograr  sus objetivos.

Hay seis características fundamentales del Desorden Límite de la Personalidad:

  1. Vulnerabilidad Emocional, en la  que profundizamos  anteriormente.
  2. Auto  – invalidación:  Es  una tendencia a  invalidar las propias respuestas emocionales, pensamientos, creencias y conductas,  acompañada de  expectativas  desmedidas hacia uno mismo. Esto puede tener como consecuencia reacciones de enorme vergüenza, odio e  ira  hacia uno mismo. “A veces, tengo tanta vergüenza por algunas cosas, que dejo de llamar a amigos.  Después me entero que no entendieron qué hice o porqué. Definitivamente soy mi peor crítico”. Male, 30  años.
  3. Crisis impredecibles:  Un patrón de frecuentes reacciones impredecibles que generan malestar. Estas crisis a  veces son  causadas  por  estilos  individuales  disfuncionales,  otras por situaciones en el contexto social  y muchas ocurren espontáneamente. “Siento que vivo al borde. No  sé qué significa  borderline,  pero  creo que si  se  refiere a  vivir al  borde,  yo  siento  eso.  A veces, cuando estoy  bien  y recobro  cierta  tranquilidad veo  que vivo  en  las  crisis como si  fueran un maremoto, y yo, un barquito intentando surfear desesperadamente las  olas. Siento  que entra  el agua,  que encima sopla el viento, que  llueve, que  todo se mueve, que no hay referencias  de abajo  y arriba, que  me ahogo”.  Pato, 22 años.
  4. Duelo Inhibido:  Las personas con Desorden Límite de la Personalidad hacen un gran esfuerzo para controlarse. Un  ejemplo es la  tendencia a inhibir, evitar o controlar excesivamente aquellas emociones que los  «inundan» y  que derivan  de pérdidas  o frustraciones. Aún cuando frente a un duelo parecen haber “sobrevivido” más tarde y en otros contextos pueden aparecer, respuestas de tristeza, enojo, culpa, vergüenza, ansiedad  y  pánico.«Cuando  Pedro me  dijo  que no  quería  continuar la  relación, me desesperé.  Ese día  estuve discutiendo con él  seis horas, estaba desesperada, sentía  que no podía  estar sin  él y que  me  iba a volver loca. Estuve discutiendo con Pedro  y después con los padres que me decían  que  entienda y  que me vaya  a casa  ese  día. Al final llamaron a  la  policía  para  sacarme  de  la  casa  porque  yo  no  me  quería  ir  y amenazaba  con romper la puerta de la habitación, donde se había encerrado  Pedro, con un  hacha. Al  día siguiente seguí mi vida como siempre.  Parecía que no había  pasado nada, y que me había olvidado  completamente de  Pedro.  Y  así  fue desde  entonces. Nunca más pase por el barrio por donde vive y cuando  tengo que pasar por ahí doy  una  vuelta  enorme  para evitar cualquier  situación que me recuerde  el  tema.» Silvia, 30  años
  5. Pasividad Activa:  Ante la dificultad de resolver activamente un problema de importancia,  la  persona con  Desorden Límite  de Personalidad  recurre a  un pedido expreso de ayuda a los demás, evitando resolver el problema por sus propios medios. La tendencia es intentar que otro resuelva el problema. “Me sentía muy mal  porque  hacía mucho tiempo que  estaba sin trabajar,  estaba  muy  angustiada.  Nadie hacía nada  para  que yo consiga. Me empecé a pelear con mi  novio porque él no se  calentaba para  conseguirme trabajo, sabiendo  lo mucho que yo  lo necesitaba.» Eli, 26  años
  6. Competencia intermitente:  Muchas personas con Desorden Límite de la Personalidad aparentan ser más hábiles, capaces o eficaces de lo que son en realidad para algunos aspectos de su vida. Lo central, es que  frecuentemente pueden responder eficazmente a ciertas situaciones o desafíos y en otros momentos  no, debido  a la inestabilidad emocional.  Esto suele crear confusión a quiénes rodean a estas personas debido a que éstos no están anoticiados de la emoción que está afectando su perfomance. “Hay días  en el trabajo que puedo  estar  en una  conversación traduciendo  simultáneamente del inglés y el portugués al castellano para mi  jefe.  Él está orgulloso  de  mí  en esos momentos, los  demás empresarios  le hacen  notar lo  eficiente  que  soy.  Viajamos  mucho  y yo siempre soy voluntariosa.  Me  divierte  estar  corriendo, la hiperactividad, no  descansar nunca.  Pero  hace  unos  días  empecé  a sentirme  mal,  como  tantas  otras  veces.  Tenía  que enviar  un e-mail  y no  podía.  Me  senté  en  la  computadora  y  no  sabía  cómo  seguir.  Una cosa  estúpida. Él se  enojó  conmigo.  Yo  sólo  lloraba.  Estaba  perdida. Al comienzo  él tenía  paciencia  y me  decía, “¿Cómo  es posible, si ayer hiciste lo mismo, cómo ahora  no podes hacerlo?” Ahora se  está cansando de  mí y eso me deprime aún más. A veces  parece que puedo, más  tarde, la misma cosa, me parece  imposible o estoy nublada por  la angustia”.  Marcia, 38 años

¿Cuándo consultan las personas afectadas y por qué?

La mayoría  de las personas con este  problema  consultan originalmente  por dificultades interpersonales, depresión (50%), trastornos  de  ansiedad  como pánico  o fobias, abuso de sustancias, alcohol  o  trastornos  alimentarios.  Es muy frecuente la coexistencia del Desorden Límite  de la Personalidad con los problemas antes  descriptos, y  es lo que  se  denomina “comorbilidad”  que  es la presencia de más de  un trastorno en un  mismo paciente. De esta manera se da comienzo  al  tratamiento. También es  frecuente que la consulta se haga ante un intento de suicidio o cuando  las ideas de muerte están muy presentes. La intensidad del malestar es tal que muchas de las personas con Desorden Límite de la Personalidad han intentado alguna vez quitarse la vida o dañarse.  Los estudios estadísticos indican que  el 10% de las personas con Desorden  Límite  de  la  Personalidad  cometen  suicidio  e  incluso,  muchas  de  las conductas impulsivas las realizan como modos  de enfrentarse con el  sufrimiento  o de tranquilizarse. Algunas y algunos consultantes y sus familias inician tratamiento frente a robos  de dinero  o cosas.  Este fenómeno es recurrente en la clínica cotidiana.  Muchos  sustraen dinero u  objetos sin avisar a sus dueños, principalmente conocidos  o familiares. La mayoría de  las veces estos sucesos generan  problemas interpersonales complejos. A veces ocurre en el marco de la dificultad en el control de los impulsos (comprar compulsivamente, tener deudas, jugar, por ejemplo) y otras ocurre en  el marco de la disociación, pudiendo  referir incluso no  acordarse de los sucesos o desconocer el origen de bienes adquiridos con ese dinero.   Muchas veces estas dos  cosas  suceden simultáneamente.  En la misma línea existe el problema  de las mentiras. Usualmente las  mentiras pueden ser una forma de ocultar conductas problemáticas (por ejemplo los robos o el consumo de sustancias), otras veces son una conducta problemática  en sí misma. Otras veces sólo son una  forma de  construir  un mundo con  menor sufrimiento,  un  mundo  más habitable,  o una forma  para ser queridos o  no ser abandonados. Las consecuencias a largo plazo  en las relaciones interpersonales son causa frecuente de consulta profesional.

 

Fuente: https://www.fundacionforo.com/

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